FUMAR PERJUDICA SERIAMENTE LA SALUD DE LOS ANCIANOS

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La nueva Ley Antitabaco, que está previsto que se apruebe en enero de 2011, prohibirá fumar en espacios públicos cerrados. La ley contiene un artículo único dirigido a liberar del humo a los bares, locales de ocio y establecimientos de la hostelería, una iniciativa que beneficiará especialmente a dos grupos de población muy vulnerables a la exposición al humo del tabaco en lugares públicos cerrados: los 800.000 trabajadores de hostelería de España y los menores de edad.

Según datos del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNP), de los casi 100.000 millones de euros de presupuesto sanitario anual, sumado el público y el privado, en torno al 15% está relacionado con el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades vinculadas al consumo de tabaco.

Según el Libro Verde, el humo del tabaco contiene más de 4.000 sustancias químicas, incluidos más de cincuenta carcinógenos conocidos y muchos agentes tóxicos. Varios estudios han confirmado los riesgos importantes para la salud y la vida del tabaquismo pasivo. Se ha establecido que la exposición crónica al humo ajeno puede provocar una gran cantidad de enfermedades causadas también por el tabaquismo activo, como el cáncer de pulmón, enfermedades cardiovasculares y enfermedades infantiles. Por ejemplo, un estudio realizado por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha demostrado que el riesgo de desarrollar un cáncer de pulmón es entre un 20% y un 30% superior en los no fumadores que viven con un fumador, y entre un 12% y un 19% mayor en las personas que reciben el humo ajeno en el lugar de trabajo.

El humo del tabaco contiene más de 4.000 sustancias químicas, incluidos más de cincuenta carcinógenos conocidos y muchos agentes tóxicos

El humo de tabaco ajeno es especialmente peligroso para los niños pequeños y los bebés; está relacionado con la muerte súbita del bebé, la neumonía, la bronquitis, el asma y síntomas respiratorios, así como con enfermedades del oído medio. En las embarazadas, la exposición al tabaco puede provocar la falta de peso del recién nacido, la muerte fetal o un parto prematuro. En el caso de las personas mayores, se sabe que la exposición al tabaco casi duplica el riesgo de desarrollo de degeneración macular relacionada con la edad, principal causa de pérdida de visión en la Unión Europea.

Todos los estudios sugieren que existe un aumento de la morbilidad y de la mortalidad en las personas mayores fumadores con respecto a los no fumadores, siendo este riesgo más elevando en los hombres que en las mujeres. Según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), el anciano, por las características inherentes al propio envejecimiento (cambios fisiológicos, presencia de algunas enfermedades, fragilidad, etc.) presenta un mayor riesgo de enfermar por el tabaco y un mayor riesgo a morir por las enfermedades que éste provoca o agrava y las complicaciones que produce. Se calcula que en España más de 55.000 personas mueren al año por el consumo de tabaco. Así, el tabaquismo se sitúa como la primera causa de fallecimiento en nuestro país por encima del sida, los accidentes de tráfico o las drogas, según el Ministerio de Sanidad.

Además, de la mortalidad atribuible al tabaco, tres cuartas partes son debidas a cuatro enfermedades: cáncer de pulmón, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), cardiopatía isquémica y enfermedad cardiovascular, enfermedades con una gran prevalencia en el anciano, e incluso es en este grupo de edad dónde se van a diagnosticar o comienzan a identificarse como enfermedades agudas o bien como empeoramientos de enfermedades crónicas ya conocidas, pero ahora con limitaciones funcionales, haciéndoles dependientes de una segunda persona.

Todos los estudios sugieren que existe un aumento de la morbilidad y de la mortalidad en las personas mayores fumadoras con respecto a los no fumadores

No cabe duda de que el consumo de tabaco en las personas mayores es un importante factor de riesgo añadido. A sus consabidos efectos sobre la salud cardiovascular, cerebral y pulmonar del anciano, se añaden otros menos conocidos sobre su incidencia sobre la salud ósea o la ocular.

Tabaco y salud ocular

Así, el mayor estudio británico realizado hasta ahora sobre tabaco y ceguera en personas mayores, ha demostrado que el consumo de tabaco duplica el riesgo de degeneración macular. Hasta ahora no se había llevado a cabo ningún estudio que investigara específicamente este problema en la población anciana, justo la más afectada. Es la primera causa de déficit visual en las personas mayores de los países industrializados y constituye un problema de salud pública. La degeneración macular es una enfermedad que afecta a una zona de la retina llamada mácula. Es justo en esta zona donde se acumula la mayor cantidad de receptores visuales por lo que cualquier lesión a este nivel provoca grandes pérdidas de visión. En concreto se desarrolla un tipo de ceguera denominada “central” en la que el paciente es incapaz de ver el centro de una imagen. Al disponer únicamente de visión periférica los pacientes pierden nitidez. Dado que, por el momento, la degeneración macular no tiene tratamiento, la lucha contra el hábito tabáquico está entre las pocas cosas que pueden hacerse para prevenir el desarrollo de esta enfermedad.

El consumo de tabaco duplica el riesgo de degeneración macular

Pero también se asocia el consumo de tabaco con la depresión en las personas mayores. Según otro interesante trabajo realizado por el doctor Jorge Cervilla, profesor asociado de Psiquiatría en el King’s College de Londres y psiquiatra del hospital San Antonio Abad de Vilanova i la Geltrú (Barcelona), el tabaco multiplica por dos el riesgo de padecer depresión en personas mayores de 65 años, independientemente del sexo. La investigación incide, además, en dos parámetros para disminuir la prevalencia de la depresión: no fumar y la inclusión en la dieta de ácidos grasos esenciales.

La explicación de esta relación, explicó el doctor Cervilla, está en que fumar acarrea una mayor probabilidad de patología cardiovascular y cerebral, dos factores de riesgo central en la depresión del anciano, según el especialista. “El tabaco interacciona con otros factores y a lo largo de la vida se asocia con mayor depresión”, asegura Cervilla. La investigación, que tuvo un seguimiento de cinco años, se realizó sobre una muestra de 2.584 personas mayores que vivían en sus hogares. Entre ellos, fumadores de una media de 10 cigarrillos diarios. A lo largo de este periodo, el equipo médico realizó cinco valoraciones, en las que se midieron los factores de riesgo vascular como tabaquismo, hipertensión, colesterol, arritmia cardiaca, depresión y demencia. “Miramos la incidencia de síntomas depresivos en la gente que tenía exposición a factores de riesgo cardiovascular, como ser fumadora de tabaco, tener un nivel alto o bajo de colesterol, hipertensión o padecer cardiopatía isquémica”, explicó.

La conclusión fue que el tabaco es el principal factor que determina la depresión, dado que multiplicó por dos el riesgo con respecto a aquellos que no fumaban. “La gente que fumaba una media de 10 cigarrillos eran más propensos que los que fumaban poco o de manera inconstante”, declaró.

Y también existe una relación entre la tuberculosis y el tabaco. Un estudio, realizado en más de 42.000 pacientes personas mayores observó que los fumadores actuales tienen un exceso de riesgo de Tuberculosis (TBC) del 2,87, respecto con los no fumadores.

Son, pues, muchos los efectos nocivos del tabaco en las personas mayores. Por ello, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), subraya que el abandono de este hábito no sólo aumenta su esperanza de vida, sino que reduce su dependencia tanto física como psíquica. Porque, como ya se sabe, los beneficios que supone dejar de fumar a este grupo de población que, debido a sus características, es especialmente sensible a los efectos nocivos del tabaco, son muchos.
Dejar de fumar a cualquier edad produce beneficios muy significativos en la salud. En el caso específico de las personas mayores que llevan décadas fumando, el abandonar este hábito nocivo puede:

  • Evitar o reducir el riesgo de diversas enfermedades como las cardiopatías, el cáncer o las enfermedades respiratorias.
  • Estabilizar enfermedades ya presentes como la enfermedad obstructiva crónica.
  • Prolongar la vida y permitir un funcionamiento independiente con menos restricciones.

Ante todos estos datos parece lógico pensar que la solución es fácil: abandonar el tabaco. Pero es complicado; suele ser un proceso más largo por el que va pasando el fumador a lo largo de varios años antes de que realice el intento definitivo de abandono de sus cigarrillos, y en el cuál confluyen otros aspectos como los enormes intereses económicos de las tabaqueras, la adicción que produce la nicotina entre sus consumidores, la recaudación de impuestos y la escasa sensibilización política ante este problema. Pero sobre todo, en la vejez, influyen aspectos socioculturales adquiridos durante toda la vida y profundamente arraigados en la persona, que siguen perdurando muchas veces por el pensamiento erróneo de la sociedad e incluso del personal sanitario que dice “a esta edad, ¿para que sirve quitárselo? Mejor dejarle tranquilo y que el tiempo que tenga que vivir que lo viva feliz”.

La SEGG resalta que el tabaco constituye un serio e importante problema a considerar como habitual en la práctica geriátrica, tanto por su prevalencia en el consumo (más grave que en otros grupos, ya que probablemente llevan fumando muchos años), pero sobre todo por las consecuencias aditivas de la enfermedad que han ido arrastrando por su consumo (la mayoría de los que mueren o enferman por el tabaco no son especialmente “grandes fumadores”, pero han empezado a fumar muy jóvenes).

Cáncer de pulmón en mujeres:

SEOM, Sociedad española de Oncología médica considera fundamental trasladar una realidad cada vez más evidente:

  • El cáncer de pulmón mata más mujeres que el cáncer de útero, mama y ovario juntos.
  • El tabaco es la causa más importante de cáncer de pulmón también en mujeres.
  • El tabaco es el responsable del 85-90% de las muertes por cáncer de pulmón.
  • En España se están observando cambios en la incidencia de este cáncer, con una disminución en varones y un aumento en mujeres
  • Hay estudios que indican que a igual exposición al tabaco las mujeres tienen más riesgo de padecer este tipo de tumor.

Decálogo para dejar de fumar:

Dejar de fumar a cualquier edad produce beneficios muy significativos en la salud. La voluntad es el principal requisito para dejar de fumar. No obstante citamos algunos consejos para los que lo vayan a intentar:

  1.  Fije una fecha para dejar de fumar.
  2.  Cambie su medio ambiente.
  3.  Deseche TODOS los cigarrillos y los ceniceros de su casa, automóvil y lugar habitual o de trabajo.
  4.  No permita que las personas fumen en su casa.
  5. Recuerde las ocasiones anteriores cuando intentó dejar de fumar. Piense en lo que funcionó y en lo que no funcionó.
  6. Una vez que deje de fumar, no fume ¡NI SIQUIERA UNA BOCANADA!
  7. Es fundamental que obtenga apoyo y estímulo.
  8. Dígale a su familia, amigos y compañeros que dejará de fumar y que desea su apoyo. Pídales que no fumen cerca de usted ni dejen cigarrillos a la vista.
  9. Hable con su médico, dentista, profesional de la enfermería, farmacéutico, psicólogo y pida consejo para dejar de fumar.
  10. Obtenga ayuda individual, de grupo o por teléfono. Hay programas que se ofrecen en hospitales y centros médicos locales.
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Rafael Pérez Ybarra
Rafaél Pérez Ybarra es Licenciado en Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid. Más de 20 años de experiencia en el periodismo científico y de salud. Colaborador de El País Salud, de la revista JANO Medicina y Humanidades, coordinador de la Revista Infoseisida, Editor de la revista Eidon de la Fundación Ciencias de la Salud. Ha trabajado en el Diario YA, en la VOZ de Asturias y el Diario Médico. Experiencia en Comunicación como asesor para la Industria Farmacéutica. Profesor en el Master Salud/Medios de Comunicación organizado por la Asociación de Informadores Sanitarios (ANIS) y la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad de Verano del País Vasco.