NO EXISTEN ENFERMEDADES PROPIAS DE PERSONAS MAYORES

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SINO “situaciones de enfermedad”

La comunicación es clave para una buena entrevista clínica

Las personas mayores tienen las mismas enfermedades que los demás; el envejecimiento es un “proceso común, progresivo, pero individual; no existen enfermedades propias del mayor, es un tópico, sino que hay situaciones de enfermedad, que dependen fundamentalmente de la trayectoria vital de cada persona mayor y de sus reservas físicas, funcionales, psíquicas y sociales”, señala D. Carlos Martínez, del Hospital Universitario Virgen de la Macarena. Otros tópicos muy habituales, y por supuesto erróneos, son que, las enfermedades se manifiestan igual que en los adultos, el ageísmo -las quejas son por “achaques” de la vejez-, o que la prevención o la rehabilitación no son efectivas.

Sin embargo, las enfermedades en los mayores no tienen el mismo impacto que en otra persona más joven, comentó este experto en un ciclo sobre envejecimiento que se celebró en Sevilla. Se alteran sus capacidades funcionales y morfológicas y su capacidad de respuesta es totalmente distinta a personas jóvenes. Además, en las personas mayores no se habla de tal o cual enfermedad, sino de “situación de enfermedad”, en la cual la situación más importante es la patología.

Las personas mayores, a menudo están considerados socialmente como “enfermos”: “Nosotros hemos acuñado el término de insuficiencia social, hace 25 años, que persigue hacer una valoración de su situación familiar y social”.

En este contexto es donde la geriatría alcanza su razón de ser. La geriatría, explicó Martínez, es una especialidad viva, de interconsulta, interdisciplinario, que engloba distintos niveles asistenciales, etc. La geriatría, señaló, “no es el médico de cabecera del mayor, no es la medicina paliativa, es decir la asistencia sólo a los mayores enfermos crónicos e incurables o la asistencia a mayores en situación terminal, ni tampoco es una ONG para asistencia social a los mayores”.

Comunicar malas noticias

Los accidentes y las enfermedades, principalmente oncológicas, son las situaciones más comunes en las que se dan malas noticias. Por ello, el objetivo principal es dotar a los profesionales sanitarios de habilidades e instrumentos que les permitan un mayor acercamiento y entendimiento con los pacientes y sus familiares.

Aunque existen protocolos en torno a la comunicación de malas noticias, es fundamental personalizar cada caso concreto. “Ésta debe ser una habilidad clínica más, formando parte del acto asistencial, al igual que una buena anamnesis (o examen clínico) y un buen diagnóstico”, aseguran desde la Fundación Mapfre.

Además, como ya se ha apuntado, el paciente presenta situaciones de enfermedad en la que pueden coincidir algunos factores que dificultan todavía la entrevista clínica: Hipoacusia o sordera, porque es importante hablar alto y claro, utilizando frases cortas, favoreciendo el contacto facial; puede existir trastorno cognitivo que, dependiendo del grado, puede requerir la colaboración del acompañante; el paciente puede ser “difícil”, por lo que muchas veces hay que luchar contra los estereotipos sociales o culturales e intentar averiguar los motivos por los que está así.

Según el Tratado de Geriatría para residentes de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología en la anamnesis (Conjunto de datos clínicos relevantes proporcionados por el propio paciente), del mayor existen factores que dificultan la entrevista clínica y la hacen más laboriosa. Las más relevantes son:

  • Dificultades en la comunicación derivadas de déficit sensoriales, deterioro cognitivo, lentitud psicomotriz…, siendo recomendable realizar entrevistas cortas y frecuentes, acercarse al paciente y hablarle alto y despacio, dándole tiempo para responder, solicitando posteriormente información al cuidador principal o a la familia para completar y contrastar los datos.
  • Descripción vaga de síntomas, resultando conveniente realizar preguntas concretas y sencillas que nos encaminen a patologías no diagnosticadas y tratables.
  • Múltiples quejas, por lo que deberemos escuchar todos los síntomas, preguntar varias veces, concederles igual importancia y clasificar las patologías por orden de prioridad y/o gravedad.

El profesor D. Diego Gracia, Presidente de la Fundación de Ciencias de la Salud cree que “Los profesionales sanitarios no sólo deben tener en cuenta los hechos clínicos para tomar buenas decisiones, sino que también han de fijarse en los valores de los pacientes”, añadiendo que “esto incrementará la calidad asistencial y la satisfacción de pacientes y profesionales”.

Aunque es una tendencia generalizada en la sociedad actual, los sistemas sanitarios deberían centrarse cada vez más en el paciente o usuario, aunque esta exigencia es necesaria que se lleve a cabo desde la formación. La relación clínica, por tanto, es fundamental. “El proceso de deliberación entre el médico y el paciente “debe enseñar a este último a discernir lo verdadero de lo falso dentro de la enorme cantidad de información que recibe”. Igualmente Gracia apuesta por dotar al paciente de “más autonomía”.

Comunicación correcta

De todo ello se desprende lo importante que es el hecho de que exista una buena comunicación paciente- profesional sanitario. D. Josep María Bosch Fontcuberta, del Grupo/Programa Comunicación y Salud de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC), destaca que cualquier paciente, “cuando acude a la consulta lo que desea es reducir incertidumbre. Por eso el papel del médico, a la hora de informar tiene que ser muy clara, convincente y comprensible y tranquilizadora y centrada a las posibilidades de su interlocutor. Nos cuesta, a veces saber adecuar y personalizar qué calidad de información desea el paciente y está dispuesto a escuchar”.

No hay que olvidar que el 50% de las personas cuando salen de las consultas o, “no han entendido lo que les hemos explicado o no lo recuerdan”. Y esta cifra se acentúa en las personas mayores cuya puerta de entrada son casi siempre las consulta de atención primaria, un servicio sanitario en donde, como recuerda Bosch, “las consultas son cortas; hemos de gestionar bien el tiempo”.

En cualquier caso, los profesionales sanitarios no sólo deben tener en cuenta los hechos clínicos para tomar buenas decisiones, sino que también han de fijarse en los valores de los pacientes, señala D. Diego Gracia, Fundación de Ciencias de la Salud. “Los sistemas sanitarios deberían centrarse cada vez más en el paciente o usuario”. Sin embargo, “dicho protagonismo exige cierta formación por su parte para poder expresar correctamente sus necesidades y entrar así en el juego de la deliberación con el profesional sanitario”.

El farmacéutico también ayuda

El farmacéutico es también una pieza clave en el manejo del paciente. Sus habilidades de comunicación influyen en la eficacia y la adherencia al tratamiento de los pacientes. Son numerosos los estudios que demuestran que la eficacia del tratamiento y su adherencia mejora cuando el profesional mantiene una actitud de escucha activa y afable, explica Dª. Carmen Alberola, Vicepresidenta de la Fundación Pharmaceutical Care España.

Los profesionales sanitarios no sólo deben tener en cuenta los hechos clínicos para tomar buenas decisiones, sino que también han de fijarse en los valores de los pacientes

La comunicación en la práctica clínica es fundamental en la relación farmacéutico/paciente para poder realizar una atención farmacéutica eficaz. En este sentido, Dª. Mª José González explica que “el profesional debe integrar los cuatro aspectos que van a determinar su competencia profesional: los conocimientos científicos, los conocimientos técnicos, la habilidad para tomar decisiones y las habilidades de comunicación”.

Asímismo, según Dª. Carmen Alberola, las habilidades en comunicación ofrecen al farmacéutico las siguientes ventajas: mayor probabilidad de conocer el problema del paciente, (para minimizar los errores y hacer un buen uso de los medicamentos), mayor adherencia del paciente al tratamiento, mejor gestión del tiempo (la incorporación de técnicas de comunicación ayudan a rentabilizar el escaso tiempo) y menor desgaste del farmacéutico (en el desgaste emocional incluyen los llamados pacientes o situaciones difíciles que exigen un esfuerzo añadido como un paciente agresivo, etc.).

Según Dª. Carmen Alberola, “la calidad del servicio que damos depende de la relación que existe entre lo que los pacientes esperan y lo que reciben y hay muchos estudios que demuestran que las expectativas de los profesionales sanitarios y los pacientes no siempre coinciden”.

Los pacientes valoran fundamentalmente que un farmacéutico sea amable, educado, cordial, capaz de comprender las emociones, empático, con reactividad adecuada y asertivo.

Con estas actitudes básicas el farmacéutico debe tener las habilidades necesarias y conocer las técnicas de comunicación que le permitan alcanzar los objetivos de cualquier encuentro entre un profesional sanitario y un paciente”. Iniciar y establecer una relación terapéutica, escuchar al paciente y obtener datos para llegar a conocer adecuadamente el problema, informar, educar y motivar al paciente y establecer una red de seguridad que le permita tomar decisiones adecuadas para el manejo de su proceso”, añade Dª. Carmen Alberola.

Por estos motivos, la entrevista clínica debe incluir los siguientes apartados:

  1. Antecedentes personales, valorando diagnósticos pasados y presentes, ingresos hospitalarios o en centros sociosanitarios, intervenciones quirúrgicas, etc., determinando su repercusión sobre la esfera funcional y mental.
  2. Revisión por aparatos y síntomas, que nos encaminará a la detección de los grandes síndromes geriátricos.
  3. Historia farmacológica completa (tratamientos recibidos en el último año) y actualizada (tratamiento y dosis en el momento de la valoración, conjuntamente con el tiempo de administración de cada fármaco) para poder detectar síntomas y signos relacionados con efectos secundarios de los medicamentos utilizados. Este punto es fundamental, porque el riesgo de iatrogenia en las personas mayores es de 3 a 5 veces mayor que en el adulto. Los fármacos con mayor potencial iatrógeno son: diuréticos, antihipertensivos, digital, antidepresivos, neurolépticos y sedantes.
  4. Historia nutricional. Interrogaremos acerca de la dieta habitual, número de comidas al día, número de alimentos por comida, dietas prescritas.
  5. Información sobre la enfermedad actual.

 

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Rafael Pérez Ybarra
Rafaél Pérez Ybarra es Licenciado en Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid. Más de 20 años de experiencia en el periodismo científico y de salud. Colaborador de El País Salud, de la revista JANO Medicina y Humanidades, coordinador de la Revista Infoseisida, Editor de la revista Eidon de la Fundación Ciencias de la Salud. Ha trabajado en el Diario YA, en la VOZ de Asturias y el Diario Médico. Experiencia en Comunicación como asesor para la Industria Farmacéutica. Profesor en el Master Salud/Medios de Comunicación organizado por la Asociación de Informadores Sanitarios (ANIS) y la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad de Verano del País Vasco.