EL PASO DEL TIEMPO A TRAVÉS DEL JUEGO

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La cultura tradicional popular entraña una diversidad de divertimiento que pasa de generación en generación. Aunque es cierto que hoy en día las tecnologías monopolizan cada vez más el tiempo libre de niños y no tan niños, y por tanto se pierde la calle como espacio ideal para jugar. En las ciudades y sobre todo en los municipios pequeños, todavía vemos a grupos de jubilados que se citan en el parque para echar un rato y compartir. Aparte de conversar sobre cualquier asunto cotidiano, estas personas mayores se juntan para jugar a la petanca. No cabe duda de que este es uno de los juegos tradicionales más practicados en España.

La petanca y su nombre viene de la expresión “Pieds Tanquees”, es decir, pies juntos, porque se cuenta que en Provenza un jugador de bolas había perdido sus piernas en un accidente y su hermano, que también era un gran jugador, le propuso una partida sin impulso en un terreno más corto.
Aparentemente la petanca es muy simple. Se trata de tirar una bola lo más cerca posible de un objetivo que suele llamarse boliche o bolín. Los adversarios pueden ser dos (uno contra otro) o por equipos de dos contra dos, o tres contra tres. Las partidas suelen jugarse a 13 puntos en terreno libre o bien dentro de una pista delimitada (la oficial tiene una medida de 15×4 metros). El punto pertenece a la bola más próxima al boliche. El adversario debe continuar jugando sus bolas hasta que recupere el punto, es decir, coloque su bola más cerca del boliche. Las bolas han de ser metálicas, con un diámetro comprendido entre los 7,05 y los 8 centímetros y un peso de 650 gramos como mínimo y 800 como máximo. El boliche debe ser de madera y su diámetro ha de estar comprendido entre 25 y 35 milímetros. Hay dos maneras de tirar las bolas y son muy diferentes entre ellas, hasta el punto de convertirse, entre determinados campeones, en verdaderas especialidades. Por un lado, apuntar es tirar la bola con cuidado, tratando de acercarse lo máximo posible al boliche. Por otro lado, tirar es lanzar la bola con cierta fuerza para apartar una bola contraria, golpeándola.

La petanca tiene la ventaja de no ser cara y de poder practicarse en todas partes y por cualquier persona. Además, es un deporte practicado en los cinco continentes. Prácticamente, todos los terrenos le van bien, con la condición de que lo que se desarrolla sobre el suelo no lo oculte ningún tipo de obstáculo.

JUEGO DE LA RANA

Para jugar al juego de la rana es necesaria una mesa de rana. Según los entendidos, la mesa debe ser preferentemente de madera, con el fin de evitar ruidos. La mesa ha de tener nueve agujeros, algunos de ellos con obstáculos. Se lanzan los petancos o petacos, 10 fichas o discos de hierro. Este juego es muy antiguo: egipcios, griegos y romanos ya jugaban a algunas variedades del juego de la rana, denominado juego del Tonel. Colocaban a una altura elevada un ánfora, la cual acababan de beber; a continuación intentaban introducir por su boca unas piedras, y quien no acertaba a introducirla pagaba lo consumido.

La mesa de rana se compone de rana, molino, dos puentes y cinco agujeros. Cada uno tiene una puntuación asignada: la rana 50 puntos, el molino 25 puntos, el puente 10 puntos y el resto de agujeros 5 puntos. Cada jugador lanza diez petacos o discos por  partida y dichas partidas se juegan a diez tiradas. La distancia de lanzamiento es de 3,5 metros. Ganará el juego aquella persona que al cabo de los 100 lanzamientos obtenga mayor puntuación.

Otro de los juegos de siempre es el chito, también conocido como tángana, tanga o tuta. Es un juego popular que consiste en lanzar un disco metálico (tejo, tanga, tostón, etc.) contra un cilindro o pieza similar tallada de madera, llamada chito o tanga, a una distancia de 22 metros. Encima del chito se coloca una moneda. Al ser un juego popular y no reglado más que por la tradición, se practica de forma peculiar en cada comarca, pudiendo encontrarse diferencias incluso entre localidades vecinas.

En la localidad madrileña de Valdemoro existe el llamado Club de Chito Valdemoro y ha hecho posible, desde hace ya una década, la práctica y popularización de juegos tradicionales como el chito y la rana. Gracias a su labor, los vecinos que lo deseen pueden formar parte de esta asociación, federarse y acudir a torneos por toda la Comunidad de Madrid, o participar de forma esporádica en los campeonatos que en las Fiestas Patronales acercan estas disciplinas a los más jóvenes.  En este recorrido por los juegos al aire libre, algunas personas recuerdan con cariño las chapas.  Éste era un juego similar al de los santos porque se lanzaban todas las chapas y aquellas que caían boca arriba eran las que se ganaban. Una variante del juego se realizaba con el trompo; se dibujaba un círculo en el suelo y se colocaba la chapa en el centro, el trompo que consiguiera sacar la chapa del círculo se la ganaba. ¿Y el trompo? El trompo, peón o peonza eran de madera de la forma de una fruta de pera, que en vez de llevar el pezón-rabito como ésta, era un rejo de hierro, pero como era tan pequeño y no estaba afilado, muchos jóvenes los llevaban a los herreros para les pusieran uno más grande y bien afilado. Le tiraban al suelo, y el que lo hacía se quedaba con la punta de la cuerda en la mano, que al desenrollarse, el trompo se ponía a dar vueltas (bailar). Este trompo era el principal protagonista del juego. Hoy en día, muchos padres de familia miran con nostalgia los tiempos en los que se jugaba más en la calle y al aire libre. Los tiempos cambian, y los juegos evolucionan también.