LA MAGIA DEL BELÉN

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San Francisco preparó una representación viviente de un pesebre con una mula y un buey, considerándose desde entonces esta representación como el origen del belenismo.

¿Qué serían las casas en Navidad sin un Nacimiento?… Quien dice las casas, habla de comercios, centros culturales, centros de ocio, u otros lugares privados o institucionales.  Aunque, poco a poco esta tradición va perdiendo peso, imponiéndose otros objetos y ornamentos que indican la Navidad. Hay personas que se lo toman muy en serio y dedican horas para montar el belén con todo tipo de detalles. Primero se coloca la base, realizada con papel cartón y pintado. A continuación, se recomienda colocar las luces, antes de los demás adornos. Una vez colocadas y probadas las luces, se procede a colocar el musgo (se puede comprar en tiendas de bricolaje o manualidades) y la “arena” del desierto (serrín). Se hace un fondo frondoso con ramas de abeto y se colocan las figuras y los animales. El resultado puede ser un belén casero vistoso y nada costoso en términos de dinero o tiempo. Es una actividad que se puede hacer con los más pequeños y los mayores de la familia.

Dioramas Navideños

Hay otras personas que tienen amor y devoción por los belenes y deciden saltar a la confección de dioramas navideños, que son representaciones a escala de escenas, donde maquetas y figuras se combinan en un terreno dándole mayor sensación de realismo. Es decir, el diorama navideño recrea escenas bíblicas basadas en el nacimiento y los primeros años de la vida de Jesús. Principalmente, las escenas que se pueden representar en un diorama navideño son la Natividad; la Anunciación a la Virgen; la visita a Santa Isabel; buscando posada; el descanso en la huida; desposorios de María y José; el empadronamiento; Anunciación a los pastores; el castillo de Herodes; la adoración a los pastores; cabalgata de los Reyes Magos; taller de Nazaret; la huida a Egipto; la adoración de los Reyes Magos o el sueño de San José, entre otros momentos bíblicos.

La representación queda limitada a una sola escena. La visión de la escena se realiza desde un punto de vista concreto, a través de la abertura realizada en el cajón llamada embocadura. A diferencia de un belén abierto, el espectador solo puede contemplarlo desde un lugar. Es decir, es como una foto en tres dimensiones con todo lujo de detalles en su visión. Al espectador le da la sensación de profundidad, realismo, luminosidad, color y volumen. Las dimensiones son más reducidas que el belén abierto.  El diorama se puede transportar para poder contemplarse o exponerse en varios lugares. Según los entendidos, hay que intentar dotarlo de profundidad y perspectiva. Lo componen pocas figuras, de no grandes dimensiones y el diorama admite abundantes detalles en el paisaje, construcciones o iluminación, ya que el espacio es reducido.

En plena época navideña, los belenes son un reclamo cultural y artístico, sobre todo en las iglesias y parroquias se pueden ver auténticas maravillas. Algunos nacimientos tienen casi vida propia de las enormes dimensiones y por los complicados efectos luminosos, que consiguen que el belén ofrezca la apariencia de ser noche o día a su antojo. Se cuida hasta el mínimo detalle, como los efectos sonoros que nos permiten escuchar desde el mugido de una vaca, hasta el incansable viento batiendo sobre la ropa, pasando por el murmullo del agua que discurre por un riachuelo.

Son muchos detalles, pero también para las personas que practican esta afición afirman que también resulta ser una actividad relajante.

El belén en la Historia

El belén se conoció en el siglo II cuando se adoptaron temas del Nacimiento de Cristo, pudiendo apreciar algunas muestras de estas representaciones en la Catacumba de Priscila, en la que aparece por primera vez la Virgen con el Niño en brazos y a su lado el profeta Isaías apuntando con el dedo hacia una estrella. Dice la historia que San Francisco, tras su peregrinación a los Santos Lugares, celebró la Eucaristía en la Nochebuena de 1223 en una cueva del pueblo italiano de Greccio, próximo al convento del Santo. San Francisco preparó una representación viviente de un pesebre con una mula y un buey, considerándose desde entonces esta representación como el origen del belenismo. Según la leyenda, debido al frío, un muñeco fue elegido para representar al niño Jesús y en la hora del nacimiento el muñeco empezó a llorar. Otra referencia más antigua sobre los primeros belenes que se realizaron en el mundo, es el realizado por Arnolfo di  Cambio (Florencia 1289). Este arquitecto de la Catedral de Florencia talló figuras en mármol blanco, parte de las cuales se conservan aún en Santa María la Mayor de Roma. Durante los siglos XIV y XV las iglesias italianas se llenaron de hermosos belenes fijos, como los de Andrea della Robia en el Duomo de Valterra. Con el barroco se impulsó de forma definitiva la realización de belenes. El auge de la escultura y la incorporación del espacio escénico y los detalles incorporan el belén en las casas señoriales. De éstas a la burguesía y de aquí al pueblo, produciéndose un gran desarrollo en los siglos XVII y XVIII hasta nuestros días.

Ya sean de porcelana, de plástico, hecho a mano, o de un coleccionable de periódicos, los belenes son el elemento decorativo más auténtico de la Navidad. Y si encima está elaborado manualmente, la satisfacción personal de lucir un trabajo minucioso se incrementa y recobra vida.

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