LA UNIVERSIDAD NO TIENE EDAD

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Más de 40.000 estudiantes de más de 50 años cursan estudios superiores en España.

Las puertas de las universidades permanecen abiertas a todas las personas, sin distinción de edad. De hecho, en los últimos años las aulas universitarias se pueblan de alumnos de más de 55 años. Para muchos de ellos es la primera vez que comparten banco y mesa, bolígrafos y apuntes, o momentos de atención, diálogo y sobre todo horas de aprendizaje. Otros ya pasaron por esa rutina hace mucho tiempo, aunque ahora doblen o tripliquen la edad a los profesores.

Nunca es tarde para ir a la universidad. Y sobre todo, el saber no ocupa lugar. En el curso 2006-2007 se contabilizaban 23.000 alumnos de programas de formación universitaria para mayores. En 2011 ya hablamos de 40.000 alumnos mayores de 50 años; una cifra que va incrementándose con el paso de los años, dado el envejecimiento cuantitativo de la población española y el interés creciente por dicha formación.

Las aspiraciones e inquietudes que suscitan el ingreso a la universidad son variadas. Desde refrescar la memoria, aclarar conceptos u ordenar ideas, hasta realizar un sueño, cumplir una asignatura pendiente, o seguir cultivando la inteligencia. Las personas adultas de avanzada edad acuden a la universidad porque quieren aprender y eso se nota en el ambiente del aula. Una cualidad peculiar de estas aulas de la experiencia hace referencia al bagaje cultural que se percibe. Este encanto no sería posible sin las enseñanzas del profesor. Aquí se produce una retroalimentación notable.

Mayoría de mujeres

La mayoría de los alumnos son jubilados que saben aprovechar al cien por cien su tiempo libre. Según el estudio Análisis y evaluación de las enseñanzas universitarias para personas mayores en España y Europa, realizado por la Universidad de Alicante (UA) y centrado en este fenómeno socioeducativo, los grupos de edad con mayor número de estudiantes se concentran entre los 55 y 64 años (55%). Otro dato que revela el documento es la supremacía femenina: las mujeres representan el 64,5% de todos los estudiantes mayores españoles.

En la actualidad, la práctica totalidad de los centros, tanto públicos como privados, disponen ya de programas académicos para personas que superen el medio siglo. Y es que a esta oferta, que arrancó en nuestro país tímidamente en la década de los noventa, tiene aún un futuro más esplendoroso. Para sustentar esta afirmación, la Asociación Estatal de Programas Universitarios para Mayores (Aepum) se basa en tres factores clave:

  • La disminución de estudiantes universitarios con el descenso de la natalidad.
  • El envejecimiento de la población.
  • La fuerza que ha cobrado la formación a lo largo de la vida en el actual mercado laboral.

Estos programas universitarios se componen de cursos de entre tres y cinco años. También existe la posibilidad de realizar cursos temáticos, que se extienden a lo largo de un año académico. Las materias varían en función de los centros, pero la mayoría incluyen asignaturas de Humanidades y Ciencias Sociales, Informática y nuevas tecnologías, Psicología y Ciencias de la Salud.

Único requisito: Ser mayor de 55 años

En este sentido, el citado estudio apunta que los contenidos relacionados con las Humanidades y las Ciencias Sociales destacan sobre el resto (54,78%). En segunda posición se encuentran las Ciencias de la Salud (11,84%) y a la cola los idiomas (2,24%), aunque esto difiere por comunidades autónomas. Al mismo tiempo, los alumnos amplían sus conocimientos con actividades culturales y de ocio: visitas a museos, talleres de manualidades, de fotografía, de habilidades sociales o de escritura creativa, entre otros.

Además de los cursos universitarios para mayores, cuyo requisito fundamental es ser mayor de 55 años, también las universidades ofrecen otras alternativas a este colectivo social como son las Aulas Abiertas, Aulas de la Experiencia, Universidad Permanente o bien la Universidad Popular de la Edad Adulta. Las exigencias para inscribirse en estas iniciativas varían, pero lo más corriente es ser mayor de 50 años, estar jubilado o no desempeñar ningún trabajo remunerado. Todas ellas persiguen el mismo objetivo: promocionar la educación mediante la organización de cursos en la universidad, sin que ello comporte la obtención de una titulación académica. Recordemos que en dichas aulas los nervios por exámenes no existen. Sin embargo, sí se promociona la realización de trabajos. Por otro lado, todas las aulas universitarias para mayores coinciden en otra razón de ser: están planificadas para que los alumnos compartan sus experiencias y conocimientos, fomentando su capacidad de aprendizaje, creatividad y comunicación.

¿Y qué ocurre cuando acaban? Según confirma Dª Concha Bru, Presidenta de Aepum, quieren seguir estudiando. La mayoría de estos alumnos se enrolan en cursos de verano, investigaciones, tesis u otros programas para mayores. Y es que sus enseñanzas no buscan la obtención de un título oficial o un trabajo. Aquí de lo que hablamos es del enriquecimiento personal, del amor a la cultura y el adquirir conocimientos que les hagan más llevadera una sociedad tan cambiante como la actual.

La Formación permanente y a lo largo de toda la vida constituye un elemento clave y nuevo paradigma en el marco de una interacción entre envejecimiento activo, aumento de la calidad de vida, promoción de la autonomía personal y formación continuada en la sociedad de la información y del conocimiento.