VIVIR CON HUMOR,

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SÍ ¡POR FAVOR!

¡Qué bueno es reírse! ¡Qué bien sienta una carcajada de esas que hacen llorar! En esta ocasión, hablamos del humor y del sentido del humor como algo necesario para vivir con buena salud y a gusto con uno mismo. Es, por tanto, una actitud ante la vida.

Estar de buen humor fortalece el sistema inmunológico, puesto que la risa ahuyenta las enfermedades y prolonga la vida mientras que la tristeza y la depresión nos debilitan, haciéndonos más vulnerables.

Los científicos han demostrado el vínculo estrecho entre el estado emocional de las personas y el funcionamiento de sus sistemas de defensas. Ya en el siglo VII Thomas Sidenhman decía: “Es más benéfico para el pueblo la llegada de un clown que una caravana de remedios”. Y Sigmund Freud afirmaba también que la risa -sobre todo la carcajada- ayuda a liberar la energía negativa. Todo esto se entiende fácilmente porque todos experimentamos estas sensaciones.

Desde los griegos, numerosos filósofos, sociólogos y psicólogos han investigado sobre el humor y sus beneficios. El filósofo romano Plotino recomendaba ver la propia vida y el mundo entero como una obra de teatro y a uno mismo como un mero personaje. En 2008 se hizo pública la Teoría del Humor. El científico británico Alastair Clarke ha desarrollado la primera teoría universal del humor que explica por qué ciertas cosas nos hacen reír y destaca su papel en la evolución del Homo sapiens. Esta Teoría se sustenta en las bases de nuestro humor cotidiano. Según Clarke, el humor aparece cuando “el cerebro reconoce un patrón que le sorprende, y ese reconocimiento es recompensado, experimentando una sensación divertida”. Por eso el investigador asegura que el humor es una función cognitiva con un papel fundamental en el éxito evolutivo de nuestra especie. Y que debe ser tenida muy en cuenta a la hora de evaluar el desarrollo cerebral de los más pequeños.

 

Los niños desarrollan el sentido del humor antes incluso de comprender el lenguaje o de ser capaces de memorizar a largo plazo.

 

Y es que investigaciones previas muestran que los niños desarrollan el sentido del humor antes incluso de comprender el lenguaje o de ser capaces de memorizar a largo plazo. Con la nueva teoría en la mano, dice su creador, “deberíamos revisar los tests de humor para diagnosticar problemas psicológicos o neurológicos infantiles”.

Aunque Clarke advierte que su teoría no puede establecer categóricamente qué es divertido, ya que depende de la experiencia del individuo, sí hay algunas fórmulas comunes para hacernos reír. Por ejemplo, decir “grandes verdades”. “Un individuo puede sorprenderse al escuchar ciertas verdades dichas en público, ya sea porque habitualmente se consideran tabú o porque nunca han escuchado a nadie pronunciar esas palabras”, aclara.

Tener sentido del humor no significa ser un payaso o pasarnos el día contando chistes. Se trata de responder con una actitud positiva ante los retos o situaciones difíciles que nos encontramos en el día a día. El humor nos permite enfrentarnos a una situación difícil sin dejarnos secuestrar por las emociones negativas. Nos ayuda a crear ambientes más relajados y favorables para la toma de decisiones y la solución de conflictos; y nos protege, en cierta medida, contra el estrés.

El sentido del humor nos permite ver los problemas desde otra perspectiva, con mayor flexibilidad y distanciamiento. Muchos expertos en el tema consideran que la esencia del humor está en la capacidad de reírse de uno mismo. Esta actitud se admite como signo de inteligencia y de buena salud mental. Reírnos de nosotros mismos significa que estamos a gusto en nuestra piel, a pesar de nuestras imperfecciones; que nos aceptamos como personas falibles, que pueden equivocarse. Si alguien se ríe de nosotros no nos importará demasiado porque nosotros nos habremos reído primero.

 

El sentido del humor nos permite ver los problemas desde otra perspectiva, con mayor flexibilidad y distanciamiento.

 

El sentido del humor es una forma de enfrentarse a la vida, de verla de forma positiva y enfrentarse a ella con fuerzas, ganas y energía. En la revista Medicina Clínica, el Dr. Jaime Sanz Ortiz, jefe del servicio de Oncología Médica y Cuidados Paliativos del Hospital Marqués de Valdecilla de Santander, publicaba un artículo en el que se constataba la fuerza del sentido del humor como valor terapéutico en pacientes oncológicos.

El humor ayuda a pensar de forma racional, proporciona sentimientos positivos de alegría y gozo, así como nuevas herramientas para afrontar los problemas. En la revisión realizada de los diferentes estudios sobre emociones positivas y su efecto en la salud (revisión realizada por el profesor Enrique García Fernández-Abascal), se establece como conclusión que las emociones positivas acortan la duración de la activación cardiovascular producida por las emociones negativas. Las personas con afecto positivo informan de menos síntomas cuando están enfermos, atribuyen menor severidad a los síntomas y tienen una mayor tolerancia al dolor. Las emociones positivas desplazan a las negativas. Hay una alta relación entre afecto positivo y salud.

El sentido del humor es en muchos casos la clave para enfrentarnos a la vida, y en especial a los problemas. Cuando utilizamos el sentido del humor estamos relativizando nuestros problemas, y de forma innata confrontamos nuestra interpretación con la realidad. Lo importante no es tanto lo que nos pasa, sino cómo lo interpretamos, cómo nos lo contamos.

SABÍA QUE…

Reír con la letra “A”

Mejora la energía del riñón, previene la osteoporosis y mejora el sentido del oído.

Reír con la letra “I”

Produce una vibración en la zona del cuello, activa el sistema circulatorio y previene las varices.

Reír con la letra “O”

Libera la energía del estómago, páncreas y bazo.

Reír con la letra “U”

Libera la energía del intestino grueso y pulmón. Mejora el sentido del olfato.