LOS MERCADO TRADICIONALES

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UN VALOR AÑADIDO

Antes del siglo XX las mercancías se apilaban en la calle, sin ningún tipo de medidas higiénicas. Los mercados, primero de hierro y cristal, y más adelante de hierro y hormigón, sirvieron para poner orden y concierto en el caos de la venta callejera. Los primeros mercados de Madrid fueron los de la Cebada (1870) y los Mostenses (1875), el de Chamberí (1876), y en 1882 se inauguró el mercado de la Paz, único de los cuatro que actualmente quedan. Esto es un poco de historia sobre los mercados, los mercados tradicionales.

Algunos mercados españoles siguen en pie, a pleno rendimiento, con una apariencia más moderna y con una táctica común: renovarse o morir. La crisis del sector minorista y la competencia abismal que provocan las grandes y medianas superficies obliga a los mercados tradicionales a distinguirse aún más para no perder clientela y sobre todo para no desaparecer. Esta situación de crisis está acabando con los mercados de barrio.

Atención directa, calidad suprema de los productos frescos, trato humano y personalizado, variedad y diversidad de productos y un sinfín de cualidades hacen únicos estos lugares. Pero no sólo se trata de poner en valor los productos y venderse bien, sino que la consigna es incorporar estrategias más típicas de otras grandes superficies.

Renovarse o cerrar

El servicio a domicilio que implantó hace diez años el Mercado Central de Valencia, un servicio pionero en toda Europa y que permite al consumidor tener su compra en casa en menos de dos horas, es un ejemplo de adaptación a los tiempos. Otro más es la tarjeta de fidelización que puso en marcha el Mercado La Paz de Madrid; o bien la construcción de plazas de aparcamiento en diversos mercados. Algunos mercados, conscientes sus vendedores del problema, llevan más de una década reaccionando para sobrevivir. Muchos han realizado obras de mejora de las instalaciones para hacer más atractivo el local y los puestos. Incorporación del aire acondicionado, música ambiental, vigilancia, incluso televisores, como en el metro. Los vendedores del Mercado de San Miguel, por ejemplo, sucumbieron a las tentadoras ofertas del capital, empeñado en hacer en el recinto un miniparque temático gastronómico y cultural. Se trata, por tanto, de crear estrategias de mercado capaz de resistir los embates del poderoso. No sólo son estrategias de mercado, sino mantener el carácter tradicional y humano de esta economía.

Trato personal

Los mercados tradicionales son punto de encuentro y de convivencia

El trato personal lo es todo: “No es lo mismo coger una bandeja de manzanas o de pechuga de pollo, que una persona profesional te corte la pieza de carne o la relación cómo cocinas, cómo compras los alimentos y cómo te alimentas es total”.

En este sentido, el Mercado Central de Valencia se ha convertido en algo más que un mercado porque se llega a combinar escuela y salud. La junta directiva actual apuesta por esta línea de actuación. De hecho, se planifican visitas escolares porque es una manera de “invertir en salud”, asegura Francisco Dasí, Presidente de la asociación de vendedores del mercado de Valencia.

De Valencia a Madrid

El Mercado Central de Valencia es un magnífico edificio modernista situado junto a la conocida y gótica Lonja de Valencia, en la Ciudad Vieja. Construido en 1914 por los arquitectos Vidal y Soler, este impresionante edificio de enormes cúpulas y vidrieras es una de las referencias arquitectónicas de la ciudad. Es además el paraíso de los amantes del buen comer. Más de 8.000 metros cuadrados con 959 coloridos puestos de verduras, carnes, pescados o mariscos que van a parar no sólo a la casa de los valencianos, sino a la mayoría de restaurantes de la ciudad.

El Mercado madrileño de San Miguel vivió una fuerte remodelación durante cinco años. “La evolución ha sido muy fuerte”, aseguran desde el departamento de prensa del Mercado de San Miguel. La evolución de este lugar se adapta a los tiempos actuales. Hoy en día ya no se suele comprar todos los días, sino que resulta más fácil llegar a una superficie en coche y comprar para toda la semana. “Nosotros tenemos algo atractivo de cara a la clientela: hacer un mixto entre compra para llevar a casa y para degustar. Aquí puedes pedir un filete y te lo preparan al instante”. Este mercado tiene 36 puestos fijos y ocho puestos móviles, es decir, rotativos para que haya más variedad de productos.

Cuando pensamos en mercado tradicional, se nos viene a la mente las personas mayores y sus carros de la compra. Una imagen que va combinándose con parejas y familias jóvenes, según las fuentes consultadas en San Miguel de Madrid y en el Central de Valencia. Porque “los jóvenes también quieren comer bien”, dice Dasí.

La Boquería de Barcelona es el mayor mercado de España. Los vendedores actuales son en su mayoría de la tercera y cuarta generación de vendedores del mercado. Coincidiendo con el inicio del siglo XXI el mercado ha renacido comercialmente y en la actualidad se sitúa como un referente mundial. Este hecho se demuestra con los numerosísimos premios recibidos, entre los que se incluye el de mejor mercado del mundo otorgado por el Congreso Mundial de Mercados celebrado en Washington DC en el 2005. También destaca el Mercado Central de Zaragoza, un enorme edificio, una muestra de arquitectura civil, de características modernistas en Zaragoza, y está declarado como Monumento Histórico Nacional (1978), así como bien de Interés Cultural (1982). En el Mercado de Abastos de Barbate en Cádiz se puede comprar todo tipo de pescados, es todo un referente en la compra de productos del mar, donde se surten todo tipo de establecimientos de restauración.