REANUDAR LA VIDA CON UNA SONRISA EN CADA PASO

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Dª. Concepción Montero no piensa quitarse la sonrisa de su rostro nunca más. Hace bien. Siempre ha sido así, alegre, feliz, encantada de la vida. “¿O es que no me ves?” pregunta ante la expectación creada en la terraza de Ballesol Mariana Pineda. Sus amigos, los residentes, se acercan a darle besos, algunos los acompañan de una lágrima.

Tiene todo el sentido, es un caso de superación muy conocido y querido en el centro. Hace unos años se cayó de manera fortuita en casa de su familia en Barcelona. “Entré por mi propio pie en la UVI en el Hospital General de Cataluña, y allí estuve cuatro meses”. Las pruebas del scanner cerebral detectaron un coágulo de sangre. Su rápido diagnóstico agilizó el tratamiento. Después la trasladaron al Instituto Guttmann, un prestigioso hospital de neurorrehabilitación en el que fue tratada de las secuelas derivadas del traumatismo craneoencefálico: trastornos a nivel sensorial, en el movimiento, en la deglución, alteraciones en el control de los esfínteres y el calvario de ser portadora de una sonda transpilórica.

Prosiguió su rehabilitación en Zaragoza, en Fadema, pero “necesitaba una atención asistencial y residencial” y la encontró en Ballesol Mariana Pineda en agosto de 2016. “Quería recuperar cuanto antes mi vida autónoma, y me dijeron que esta institución es en España un modelo referente en el tratamiento de este tipo de patologías” por sus equipos multidisciplinares en medicina, enfermería, psicología, terapeutas
ocupacionales, fisioterapeutas…

La cambia la cara cuando recuerda el día que la retiraron la sonda y la intervención quirúrgica del pie equino le permitió deambular con la ayuda de un andador. Meses de rehabilitación y de sentido del humor. “Mi caso es el como el milagro de Lourdes”, compara mirando al cielo mientras hace referencia al tiempo que estuvo en Ballesol Mariana Pineda. Casi dos años

Tiene 76 años y aunque no quiere ser ejemplo de nada conviene recordar el carácter de esta mujer. Estudió mucho, aprobó unas oposiciones y trabajó toda su vida en Telefónica. Y ha dado la vuelta al mundo viajando: Nueva York, Miami, Washington, Egipto, Lisboa, Austria, Holanda…y “aunque tropezaba no me caía pese a mis problemas de artrosis en las rodillas”. Además de viajar, le encanta la música, el cine, el teatro, la gimnasia, pintar…

De las secuelas de la caída se ha recuperado gracias a su mente, maravillosa, creativa, repleta de optimismo. Una actitud en la que confluyen resiliencia y el buen humor. “¡Cómo tuvo que ser la caída para ponerme una pieza de titanio en la cabeza!”. Hasta el médico se esperaba el peor desenlace. Afortunadamente ¿qué no se puede esperar de una mujer que hasta contaba los pasos que hacía con el andador para cumplir escrupulosamente con lo establecido en la recuperación?. Gracias a su tesón “Ahora anda sin ninguna ayuda, sin restricciones, aunque también sin prisas”, y lo que es mejor aún, desvela Clara Poza, la Terapeuta Ocupacional de Ballesol Mariana Pineda que, junto con Montse Moreno Fisioterapeuta, Silvia Madurga Psicóloga y el Dr. Barrau ha trabajado en su proceso de rehabilitación, “con la seguridad de poder volver a bailar como siempre le ha gustado

En octubre se cumplieron cuatro años de la caída. Según los expertos, el 80% de los traumatismos craneoencefálicos son leves, el resto son graves como el que sufrió Dª. Concepción. Ella lo sabe y se siente afortunada y muy agradecida a “la familia, a todos los profesionales que la atendieron, a Ballesol y a la rapidez con la que todos hicieron su trabajo”. ¡La mejor noticia es que ha vuelto a su hogar!, recuperando la independencia “hasta que sea más abuela y necesite otra vez las manos y el corazón de Ballesol”. Hasta entonces espera cumplir algún sueño, que, como la mayoría de los que tiene esta aventurera viajera, implican una maleta, “aunque haya salido más que el sol”, se ríe con una carcajada que contagia vida, esa que ha reanudado con tanta fe, tesón y sentido del humor.