LOS ÚLTIMOS RETRATOS Y TESTIMONIOS DE LA GUERRA CIVIL

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Sobre la guerra civil se ha dicho casi todo. Palabras que han pasado de un frente a otro como los recuerdos. O los testimonios. Incluso silencios que sin decirlo, lo dijeron todo. Esa recopilación de secuencias transmitidas a través de instantáneas es la aportación humanista del artista y fotógrafo Luis Areñas. El proyecto “Los últimos. Retratos y testimonios de la Guerra Civil” es un homenaje a su abuelo, a todos.

A personas como Dª. Dolores Pellicena, la madre del artista, que residió en Ballesol Puerta del Carmen muchos años. Y como ella, otros muchos residentes de Ballesol que supusieron un estímulo e inspiración para aportar otra mirada a la guerra civil española. Como Dª Milagros Pérez, que a sus 107 años, fue una superviviente más. “Fui voluntaria atendiendo a los heridos de guerra en sótanos. En uno de los bombardeos perdí a mi novio, un estudiante de medicina…” aún recordaba emocionada.

La exposición de Luis Areñas, reflejo de dos años fotografiando testigos, está incluida dentro de la programación de Photoespaña y cuenta con al apoyo y colaboración de Ballesol.

¿Cómo surgió la idea?

Mi madre Lola Pellicena nos enseñó una carta – escrita por un alto mando militar – a mis hermanos y a mí, hace muchos años, en la que explicaban cómo mi abuelo materno, Luis, había sido fusilado en agosto del 37 en el frente de Aragón. Fue entonces cuando me di cuenta de que había una parte de la historia familiar que desconocía y una historia de España que se nos había ocultado a todos los hijos y quería saber lo que había pasado realmente durante la guerra. Y solo los vivos me lo podían contar.

¿Cuánto tiempo hay invertido detrás de este trabajo?

Fueron casi 4 años de trabajo, 2 de ellos recorriendo 17 provincias de España, buscando a combatientes que todavía estuvieran vivos para recoger su testimonio, antes de que fuera demasiado tarde. También entrevisté a mujeres que sufrieron la guerra y participaron a su manera. Sus testimonios dicen mucho también de lo que es una guerra en el día a día, lejos del frente.

Las fotografías impactan y emocionan, háblanos del porqué de la ausencia de color en los retratos, del fondo blanco…

El fondo blanco sirve para aislar a la persona de todo contexto, sin referencias espaciales ni entorno familiar. Eso invita al observador a centrar la mirada en el sujeto retratado, su rostro, sus gestos, las formas. El blanco y negro también participa en ese proceso de observación. El color añade información y puede distraer la mirada. Quería ir a lo esencial y provocar una conexión entre la imagen y el espectador.

¿Cuál ha sido la respuesta del público?

Eso hay que preguntarlo al público. Creo que muchas personas se han sentido identificadas con las historias y las vivencias contadas por los combatientes. Son 44 retratos de personas mayores, los llamo mis abuelos ahora, pero son los abuelos que de alguna manera simbolizan a todo un país, además son combatientes de los dos bandos sin decir cuál. No es importante para mí. Lo importante para mí era rescatar la memoria de los últimos combatientes vivos. Poner un nombre y un rostro a esas personas desconocidas, la mayoría nunca habían sido entrevistadas ni fotografiadas. Y la mayoría eran niños entre 17 y 18 años cuando fueron reclutados y mandados al frente.

¿Cuál será el siguiente paso? ¿Habrá proyección de la exposición fuera de Zaragoza?

Estoy buscando otros museos para mostrar este trabajo. Después del Centro de Historias de Zaragoza, la exposición irá al Instituto Francés de Madrid del 16 de octubre al 13 de diciembre 2019. Espero que siga el viaje hacía otros lugares de España y del mundo. Lanzo la propuesta.

¿Cómo surgió la colaboración con Ballesol?

Mi madre, Lola, estuvo en la residencia Ballesol Puerta del Carmen en Zaragoza del 2012 hasta que falleció el 15 de febrero 2019. Yo buscaba financiación y la directora Sonia Martínez Alonso, aceptó colaborar en este proyecto del que ya había oído hablar. Le presenté la idea y mis necesidades. Y desde el principio me dijo que haría todo lo posible para ayudarme. Y su aportación contribuyó a mejorar el diseño expositivo.