V: Un Hombre Bueno

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En ocasiones, menos de las que desearíamos, la vida se porta bien con nosotros y nos otorga recompensas que merecen todo nuestro agradecimiento, entre otras cosas porque posiblemente sean más de lo que realmente nos merecemos.

Entre todas las posibles hay una que ocupa un lugar de privilegio por las escasas ocasiones en que se produce y por lo poco que la valoramos cuando podemos disfrutar de ella. Pocas cosas hay tan satisfactorias, tan tranquilizadoras, tan deseables, como contar en el trabajo, que tantas horas ocupa en nuestras vidas, con un compañero del que puedas decir que es un hombre bueno.

Y esa es una satisfacción con la que he contado desde hace más de treinta años.
Ya la primera impresión que me produjo, cuando poco más que su nombre sabía, fue la de encontrarme con una persona en la que se podía confiar, una persona dispuesta a facilitarte todo lo que necesitaras, con la que podrías contar y que siempre estaría dispuesta a colaborar en cualquier asunto que le plantearas, incluso en aquellos que poco o nada tenían que ver con su área de responsabilidad.

El paso del tiempo me ha demostrado que aquella primera impresión se correspondía exactamente con la realidad, añadiendo algo al menos tan importante, sino más, que todo lo anterior: es una persona que hace que la vida, también la laboral, resulte siempre más agradable y que encuentra la manera de hacer sonreír a todos los que hemos tenido y tenemos la fortuna de estar a su alrededor.

Hablar de su competencia y habilidades profesionales resultaría una obviedad sino fuera porque su personal carácter le ha llevado muchas veces a considerarse menos de lo que realmente es: un gran profesional conocedor de sus variadas y dispersas tareas y que ha asumido todas ellas con la máxima responsabilidad sin haber defraudado en ningún caso a quienes en él han confiado.
Por supuesto que saber hacer bien y puntualmente tu trabajo tiene mérito, nadie lo va a discutir. Pero a veces, todas las veces diría yo, ganarte el respeto y el cariño de toda la gente que te rodea tiene mucho más mérito, y eso es algo que él ha conseguido a lo largo de todos estos años. Pese a sus propios problemas, que como todo el mundo los ha tenido, pese a sus preocupaciones, pese a todo ello nunca nos hemos encontrado faltos de su buena disposición y de su alegría.

Echarle de menos se queda corto para lo que vamos a sentir. Me alegra, claro, que, tras tantos años de trabajo, pueda disfrutar de su merecida jubilación, pero siento que nada será igual sin Víctor a nuestro lado.